Vivir con propósito

Vivir con propósito es hacer uso de nuestra capacidad para afrontar la vida.

Es plasmar nuestros deseos en la realidad.

Consiste en actuar para conseguir nuestras metas.

Es asumir la responsabilidad de emprender las acciones necesarias para lograr tus objetivos.

En resumen, es darte cuenta de que, si tú no haces algo, nada va a cambiar.

Eso es vivir con propósito.

Cómo sentirte capaz de alcanzar tus metas

La respuesta directa es dando pasos y realizando tareas específicas con éxito (a la primera, a la segunda o a la quinta, eso no es relevante).

Porque esa sensación de eficacia no puede generarse en el vacío, que es lo que algunas personas pretenden, sentirse capaces sin hacer nada.

No es que nuestros logros prueben nuestra valía, sino que los resultados, el grado de consecución de los objetivos perseguidos es el medio por el que comprobamos nuestra eficacia personal y nuestra competencia en la vida.

Nadie puede sentirse eficaz en abstracto, sin estar siendo eficaz sobre algo en particular.

Por eso el sentirnos productivos hace que nuestra autoestima se consolide.

Y, por eso mismo, las personas que dicen y repiten que van a hacer algo, pero después no lo hacen, se están cargando su autoestima.

Pasos para asegurarte de que vives con propósito

¿Quieres saber cuáles son los pasos que necesitas dar si quieres vivir con propósito? Aquí tienes cuatro muestras:

1. Ponerte metas específicas

Si quieres hacer ejercicio, no vale decir “haré lo que pueda”.

Tienes que decir algo concreto, como “voy a hacer treinta minutos de running tres días a la semana”.

Esa es la manera de controlar tu progreso, modificar tu estrategia y hacerte responsable de los resultados que consigues.

Y esto también se puede aplicar a nuestra vida en general, para que no nos pase eso tan frecuente de ir en piloto automático y sin rumbo fijo.

Haciéndote preguntas como, ¿dónde quiero estar en cinco años? ¿Qué cambios quiero llevar a cabo en mi vida? ¿Qué quiero lograr como persona? ¿Cómo quiero que sean mis relaciones personales?

Y, además, conseguir que las respuestas sean concretas y específicas.

2. Tener un plan de acción para alcanzar esas metas

Porque los propósitos sin un plan de acción específico tienen todas las papeletas para convertirse en un sueño frustrado.

Y porque sólo pueden tener éxito las personas que asumen la responsabilidad de concretar los pasos que los llevarán a sus objetivos.

Así que, en este punto toca preguntarte: “si tuviese el propósito consciente de conseguir esta meta, ¿qué haría?”.

3. Tener autodisciplina

Es decir, tener la capacidad de organizar nuestro tiempo al servicio de eso que queremos conseguir, y cumplir con lo que nos hayamos propuesto.

Porque siempre habrá distracciones, problemas, otros objetivos que se cruzan en el camino, nuevas prioridades y obstáculos de todo tipo.

Pero si tienes el foco en lo que quieres y en lo que tienes que hacer para conseguirlo, y tienes toda la intención de hacerlo, es mucho más probable que resuelvas esas dificultades (en vez de abandonar y volver a los patrones antiguos, que es lo que les pasa a muchas personas, que a la primera de cambio se vuelven a su zona de confort).

Y para eso también hace falta ser capaz de posponer lo que te apetece en ese momento.

Es decir, de sacrificar la gratificación inmediata en beneficio de una meta a medio o largo plazo.

Y por supuesto que a veces podemos darnos permiso para hacer lo que nos apetece en ese momento, o para no hacer nada.

La diferencia es cuando lo eliges conscientemente, cuando planificas un tiempo para descansar, para relajarte o para hacer lo que te dé la gana, en vez de haberlo planificado para otra cosa y acabar tirado en el sofá toda la tarde.

4. Observar los resultados de nuestros actos

Puede ser que hagas todo lo que te habías propuesto y que aun así no obtengas los resultados que esperabas.

Porque no tuviste algo en cuenta, porque el contexto ha cambiado o por cualquier otra circunstancia.

Si prestamos atención a los resultados, no sólo nos daremos cuenta de si estamos consiguiendo lo esperado, sino que también reconoceremos si está pasando algo que no habíamos previsto y que en realidad no nos gusta.

Aclaración

Hay un error en el que es fácil que caigas al pensar en vivir con propósito: es vivir en el futuro y olvidarte del presente.

Este es el típico caso de quien se pone tantos objetivos a medio y largo plazo que se olvida de disfrutar de su presente.

Y no, vivir con propósito no es eso.

Vivir con propósito implica ser capaz de integrar ambos, el presente y el futuro.

Es decir, disfrutar del camino tanto o más que de la meta.

Y disfrutar de lo que te está pasando hoy, aquí y ahora, a la vez que estableces objetivos, trazas caminos hacia ellos y te pones en marcha

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