Trabajar la felicidad

La clave de la felicidad es la gratitud. La clave de la felicidad es la conexión social. La clave de la felicidad es tener muchos amigos y estar casado. La clave de la felicidad es poseer 37 prendas de vestir, ...

Hay tantas ideas que compiten por lo que significa, y lo que se necesita, para ser feliz. Y tanta presión para llegar a conseguirla.

Durante décadas, los investigadores han tratado de estudiar y comprender los factores que influyen en ella. Sin embargo, no se han logrado dar definiciones objetivas y claras hasta el día de hoy.

El interés por profundizar en la felicidad, sus consecuencias y cómo alcanzarla se está incrementando en nuestros días, hasta el punto de que la OMS ha llegado a establecer el día 20 de marzo como el día mundial de la felicidad.

Sin embargo, no se han logrado dar definiciones objetivas y claras hasta el día de hoy.

Algunos investigadores creen que la felicidad se debe a factores genéticos y hereditarios, otros creen que la felicidad causada por factores ambientales como: estatus económico, educación, vida sexual, ...

Pero la neurociencia actual sugiere lo que los filósofos han sabido durante mucho tiempo: no es tan simple.

Según el neurocientífico Dean Burnett, la noción de que las personas son felices por defecto, o que podemos mantener un estado constante de felicidad a largo plazo, es simplemente irreal.

Esta idea de felicidad duradera y por defecto, es engañosa, y a menudo inútil porque no es así como funciona el cerebro”, declara el neurocientífico Burnett, autor de un libro sobre el tema: El cerebro feliz: la ciencia de dónde viene la felicidad y por qué. (The Happy Brain: The Science of Where Happiness Comes From and Why).

El cerebro nos hace felices cuando hemos hecho algo bueno o algo correcto. Por lo tanto, si siempre estamos contentos, nada realmente cambia las cosas”, declara en el programa del difusor público CBC, The Current.

Burnett afirma que las personas deberían enfocarse en la felicidad como un objetivo que hay que trabajar en nuestra vida cotidiana.

El autor argumenta que las ideas contemporáneas sobre la felicidad a menudo son erróneas, además se muestra crítico con las formas en que se describen los procesos neurológicos clave. Más concretamente: la dopamina.

“Veo tantos artículos y afirmaciones y teorías que dicen que para ser feliz debe aumentar sus niveles de dopamina”, agrega.

“Esa es una forma muy simplificada de mirar la felicidad. Es como decir que, para restaurar una pintura del Renacimiento, simplemente aumenta el color verde”.

La vía de recompensa de la dopamina es una parte antigua del cerebro que muchas otras criaturas comparten.

Controla todo lo que sucede a su alrededor, y cuando ocurre algo que se considera digno de recompensa, produce una sensación de placer.

“Pero es la forma en que se activa el sistema, lo que el cerebro considera digno de placer o no, donde se vuelve realmente complejo”.

Las personas son muy diferentes respecto a lo que activa ese sistema, y tiene que ver con la personalidad, la experiencia de vida, la genética y otros factores.

Cuando se trata de la felicidad cotidiana, Burnett dice que está sorprendido de que la gente juegue un papel mucho más importante de lo que esperaba.

“Somos una especie social y nuestros cerebros han evolucionado para facilitar tanta comunicación y empatía y la conciencia de las personas que nos rodean, que forman una parte mucho más grande de nuestra existencia y de nosotros mismos”, explica.

“Así que siempre es bueno conseguir hacer tiempo para dedicar a las personas que nos importan”.

Es decir, poner énfasis en la calidad de nuestras relaciones interpersonales.

Tuneado del artículo aparecido en www.rcinet.ca
Autor: Leonora Chapman

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