Se puede ser feliz ayudando a los demás

Una de las características que definen al hombre del siglo XXI es la búsqueda activa de la felicidad.

En los países desarrollados, con la mayoría de las necesidades básicas cubiertas, las personas tienden a mirar más allá y buscar la realización personal y, en definitiva, la felicidad.

Pero ¿se puede llegar a la felicidad y al progreso buscando solo el beneficio propio?

Los expertos coinciden en que no.

Preguntémonos primero qué es el progreso.

El término suele identificarse únicamente con riqueza, pero en realidad va mucho más allá.

Andrea Fernández, coach integrativa, explica: “el progreso ocurre cuando algo funciona, tiene éxito y aporta una estabilidad o bienestar. Pero es algo más profundo de lo que habitualmente pensamos, ya que solemos quedarnos en lo material. ¿Cuántas personas son “prósperas” materialmente y no se sienten afortunadas? En muchas ocasiones sienten que les falta algo”.

Así, la experta define el progreso como “un estado de bienestar común, que implica servicio, aquello que el ser humano está dispuesto a hacer para sí mismo y para los demás como parte de su propio éxito. No es lo que se tiene, sino lo que te mueve”.

“El progreso es económico, social y moral o no es progreso”.

Así de tajante se muestra Nuria Chinchilla, profesora de IESE y titular de la Cátedra Mujer y Liderazgo de esta escuela de negocios.

Considera que “la prosperidad no se puede limitar al aspecto económico, necesita abarcar mucho más, ser global. El progreso es mucho más que riqueza, es acción social, valores”.

Qué aporta, a quién ayuda

La acción social abre muchas puertas personales. Ayuda al individuo a no mantenerse ajeno a los problemas y a sentirse parte de la solución.

Desde el punto de vista psicológico, ayudar a los demás aporta múltiples beneficios a la persona.

Nuria Chinchilla destaca “el bienestar psicológico, el aprendizaje y la sensación de trascendencia. Además, aporta reconocimiento, que, aunque no debe ser la causa principal que nos mueva, es una motivación que puede ser muy útil para dar los primeros pasos”.

Andrea Fernández añade que “la acción social abre muchas puertas personales. Ayuda al individuo a no mantenerse ajeno a los problemas que existen y a sentirse parte de la solución, porque realmente lo es. Ofrece una visión real, empática, de trabajo común. Es una de las mejores maneras de dar a la persona la posibilidad de sentirse más humana”.

Un beneficio también para las empresas

Como profesora de Dirección de Personas en las Organizaciones, Nuria Chinchilla aporta además los beneficios que la acción social de los trabajadores tiene para las empresas: “mejora las capacidades individuales en valores como la generosidad y la confianza, claves en las organizaciones. Fomenta además la calidad en las relaciones laborales, especialmente entre la dirección y los empleados”.

La acción social en las empresas mejora las capacidades del empleado en valores como la generosidad y la confianza, claves en las organizaciones.

La experta apunta que “ya no nos sirve el ‘jefe’ tradicional, al que hay que obedecer sin cuestionar, las organizaciones necesitan un líder que demuestre que lo es y que se gane la confianza de sus empleados, y encabezar una acción social colectiva es una herramienta excelente para ello.

Por otra parte, desarrollar la capacidad de los empleados de ‘moverse’ por los demás hará que tengan una mejor disposición a ayudar a la organización interna, e incluso que se impliquen más con los clientes”.

Muchas grandes empresas, como IBM, Bank of America o SAP cuentan con importantes programas de acción social, por los que han sido distinguidos en distintas ediciones de los premios internacionales de IAVE (International Association for Volunteer Effort).

Dentro de nuestras fronteras destaca Telefónica, también premiada por el IAVE, y Banco Santander, que cuenta con diversos programas en los países en los que opera, especialmente centrados en educación, fomento del emprendimiento social, apoyo al bienestar social y protección y difusión de la cultura.

Implicar directamente a los empleados

Banco Santander trabaja en apoyo a las comunidades con una triple vertiente: empleados – primer eslabón de la cadena -, accionistas y comunidades locales.

Esta implicación directa de los trabajadores queda especialmente patente en la Convocatoria de Proyectos Sociales “Euros en tu nómina”, que en 2017 ha celebrado su novena edición.

En esta acción, son los empleados del grupo en España los que presentan proyectos de entidades que realizan actividades que contribuyan a mejorar la sociedad.

Los ganadores se financian con un fondo al que contribuyen también los propios empleados mensualmente, con una pequeña parte de su nómina, y la cantidad recaudada es igualada por el Banco.

Esta convocatoria apoya proyectos dentro de las áreas de cooperación internacional, discapacidad, salud, exclusión social y educación infantil.

Y qué recibe la Sociedad

Aparte de la importante ayuda material, económica y formativa que los beneficiados reciben, que puede transformar sus vidas, las acciones sociales tienen una repercusión fundamental en el bienestar del propio individuo.

Andrea Fernández asegura que “cuando una persona recibe la ayuda de otra u otras personas, experimenta dos sensaciones positivas muy importantes: emoción y agradecimiento”.

La coach añade que “cuando una persona es consciente de que hay alguien dispuesto a ayudarle, incluso sin conocerle, eso le hace sentirse parte de algo, de una comunidad.

Y cuando se alivia un sufrimiento se obtiene una sensación de paz interna, que además ayuda a recuperar la energía y a pensar es posible salir adelante”.

Y respondiendo a la primera pregunta: ¿se puede ser feliz ayudando a los demás?

Andrea Fernández asegura: “en realidad, no podemos hacer nada solos, salvo ofrecer y recibir lo que otros nos dan, tanto en el trabajo como en las relaciones personales”.

La acción social es un paso más para encontrar la felicidad

Tomado de la Prensa Diaria

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