¿Qué le pasa a nuestro cerebro durante la pandemia?

Muchas cosas. Estamos inmersos en una situación que no es familiar, es incómoda, porque somos una especie muy social y gran parte de nuestra vida ocurre en comunidad.

Normalmente lo que hacemos para poder mantenernos con vida involucra relaciones sociales: buscar alimento, agua, refugio, sexo. Somos animales que para estar bien dependemos en gran medida de la interacción con otros.

Pero se nos ha recomendado, incluso impuesto, distanciamiento, se nos ha sacado de nuestra típica vida cotidiana. Eso es algo que al cerebro no le gusta. Incluso llega a ser considerado un castigo en muchas sociedades.

Y dado que así se le impide alcanzar el necesario bienestar biológico, como consecuencia, se genera incertidumbre.

Miedo al contagio

Hay una amenaza, de eso no hay ninguna duda. Y cuando hay una amenaza, nuestro cerebro no puede quedarse tranquilo; tiene que evaluar lo que está pasando, lidiar con distintas emociones y, según sus conclusiones, tomar decisiones.

Si corro el riesgo de que me ataque un perro o de caer a un precipicio, trato de asimilar esas situaciones.

El cerebro genera cambios fisiológicos en el cuerpo para responder a este miedo y prioriza ciertos circuitos para responder a la amenaza: eriza los pelos, aumenta el tamaño de las pupilas, tensa los músculos, para la digestión, disminuye el pensamiento racional.

Lo que vivimos es una amenaza que nuestro cerebro no está acostumbrado a afrontar, como consecuencia surge un conflicto para el que no tiene una clara respuesta, no sabe cómo priorizar en esta situación.

¿Qué consecuencias produce la exposición continua a la amenaza?

A diferencia de un encuentro con un perro peligroso o el riesgo de caer por un precipicio, esta situación está durando meses.

Típicamente las amenazas y las reacciones que afronta nuestro cerebro son transitorias. Pero en casos como este, en que las amenazas se mantienen permanentemente en el tiempo, nuestro cerebro va a tratar de mantener una actividad de respuesta prolongada y esto es lo que llamamos estrés.

El estrés es una respuesta biológica normal y es bueno porque captura mecanismos que nos ayudan a afrontar las amenazas.

El problema es el estrés crónico, que se mantiene durante el tiempo, porque mantiene mecanismos de alto gasto fisiológico en el cerebro y el cuerpo que terminan desgastándonos y por lo tanto empezamos a sufrir.

Por ejemplo, durante un episodio de estrés la respuesta inmunológica disminuye, porque el cerebro prioriza otras respuestas.

Rutinas de salud

¿Podemos hacer algo para que nuestro cerebro priorice la respuesta inmune, justo ahora que la necesitamos tanto?

Sí. Para eso es clave generar conductas para bajar el estrés.

En nuestra vida normal, antes de la pandemia, el estrés crónico era bastante común y el deterioro en salud mental de las personas era crítico. Y ahora estamos mucho peor.

La OMS ya ha advertido sobre una pandemia paralela de salud mental.

Para bajar el estrés lo que tiene que pasar es que la percepción de las personas de la amenaza sea de menor intensidad. Que la amenaza no sea percibida como un peligro inmediato.

Es difícil, pero no tanto. Una cosa trivial es tratar de no estar pensando en la amenaza todo el día. Si estás leyendo todo sobre Covid y las estadísticas, vas a estar permanentemente con esta sensación de amenaza inmediata.

Una primera recomendación es tratar de reducir el enfrentamiento a esta amenaza, hacer otras cosas, engancharse en otras tareas.

¿Sirve la meditación?

Sí. Nuestro cerebro no tiene la capacidad de procesar cada estímulo sensorial con el que nos encontramos en el mundo, entonces está obligado a acentuar algunas cosas en detrimento de otras.

La meditación es un ejercicio de atención que entrena a las personas en resaltar algunos estímulos sobre otros en periodos prolongados de tiempo.

Por ejemplo, concentrarse en la respiración, en un mantra, en una idea.

Pero no es la única manera. Puede ser sentarse a leer un libro, ver una película, jugar con los niños, cocinar, tejer.

Tiene los mismos efectos: al dejar de usar el cerebro para poner atención en la amenaza, baja el estrés.

También se pueden motivar conductas que evoquen placer, pero hay que tener cuidado de no caer en excesos, para no terminar comiendo todo el día, por ejemplo.

Otra estrategia es el ejercicio físico, que tiene un enorme impacto en la actividad cerebral porque libera endorfinas que nos hacen sentir mejor, serotonina que nos tiene mejor de ánimo y otros efectos como mejorar la memoria.

¿Qué está pasando con nuestra memoria?

Una de las cosas que la neurociencia ha establecido es que el estrés reduce nuestra habilidad de la memoria.

Además, la memoria se facilita si puedo asociar distintos componentes a una línea de tiempo, algo que no es complicado si tengo una línea de tiempo rica en acontecimientos.

Pero nuestra vida es esta situación es extraordinariamente rutinaria o similar día a día. No importa si es sábado, domingo, lunes o martes, uno tiende a hacer la misma rutina y, cuando no hay un evento particular, no hay componentes donde afianzar el suceso en el tiempo.

En la medida en que uno hace cosas triviales repetitivas, deja de fijarse en ese evento porque empieza a perder importancia. No podemos recordar todo.

Recordamos cosas que consumen mayor cantidad de actividad eléctrica. Cuando es un evento que no tiene mucha relevancia, tiende a no quedar en la memoria.

¿Cómo vamos a recordar esta situación?

Salvo tragedias familiares personales o cercanas, estamos viviendo una época poco relevante para nuestra memoria.

A nadie se le va a olvidar la cuarentena, pero nuestro relato será pobre. Todos estos meses se van a colapsar en un relato corto.

Nostalgia

Hay otro aspecto de la memoria que ha cobrado relevancia.Estamos mirando fotos antiguas, hablando de episodios pasados e incluso contactando gente con la que no hablábamos hace meses. ¿Por qué pasa esto?

Quizás por el mismo hecho de que estamos teniendo problemas de memoria, inconscientemente el cerebro hace ejercicios para tratar de mantenerla y entonces hurga en los recuerdos y aparece la nostalgia.

Dado que este ejercicio de memoria es muy pobre en nuestra vida actual, buscamos hitos más concretos que podamos identificar con claridad. Es una manera de hacer gimnasia mental.

Y junto con el encierro, aparece esta sensación de nostalgia por el tipo de vida que solíamos llevar. Empieza hacerse mucha referencia hacia el pasado y en esa referencia surgen recuerdos que frecuentemente se mantienen porque hay una emocionalidad asociada a ese recuerdo.

Como la memoria requiere activar un circuito neuronal, se cree que se fortalece en gran medida con el nivel de actividad que tienen esos circuitos.

Mientras más se recorre una huella, más honda se hace. Y lo que pasa es que cuando tenemos un recuerdo la emocionalidad le aumenta la intensidad de la activación de ese circuito y por lo tanto lo refuerza más fácilmente.

¿Qué pasa con las personas que tienen ciertas patologías cerebrales previas?

Están en mayor riesgo. Se sabe que cuando hay estrés generalizado, baja el umbral para que a la gente le aparezcan estas condiciones.

Eso significa que ciertos mecanismos que normalmente tiene el cerebro de algunas personas para compensar o aguantar se vuelven más débiles y se desencadenan más fácilmente episodios de problemas mentales, lo que se traduce en que haya un aumento de personas que acuden a su médico de familia reportando problemas de salud mental.

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