¿Nunca recuerdas dónde dejas las llaves? Tienes un problema de atención

¿Quién no ha buscado desesperadamente alguna vez las llaves de casa y de pronto se ha dado cuenta que siempre estuvieron en su mano?

¿Cuántas veces conduciendo por un trayecto no se conserva ni una sola imagen del camino al llegar al destino?

¿En cuántas ocasiones has terminado por confesar frente a tu interlocutor “y por qué te decía yo esto”?

¿Alguna vez te ha pasado que, abstraído en tus pensamientos, mientras conduces, has tomado un viejo camino que te llevaba a un antiguo domicilio o a tu anterior trabajo?

Es probable que estas situaciones te hayan ocurrido en más de una ocasión.

Si te encuentras entre las personas que siempre “tropiezan con el mismo escalón”, quizá deberías echarle un vistazo a tu capacidad de atención.

¿Qué es la atención?

"Se trata de un mecanismo cognitivo por el que los procesos sensoriales se centran en un estímulo que estamos recibiendo. Es focalizar el interés en algún estímulo", explica Salvador Martínez, director del Instituto de Neurociencias de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Los sentidos están expuestos a continuos estímulos, pero esto no significa que se preste atención a todos ellos.

"Es frecuente que el sistema nervioso pase de uno a otro hasta que repara en alguno en concreto”, manifiesta Martínez”.

La atención tiene una estructura clara en el cerebro.

El centro coordinador de la conducta activa unas zonas que mantienen la atención y la conciencia y pone el foco en esos estímulos (que aumenta), mientras que reduce el ruido (otros estímulos) que hay de fondo".

La Piscología en estos casos habla de atención voluntaria, porque es decisión del individuo centrarse en algo concreto.

Y si además se logra mantener por un tiempo concreto y de forma constante esa atención se trata de concentración.

Base del conocimiento

Esta facultad concierne a todos los seres humanos y a todos los grupos de edad.

En términos evolutivos sin ir más lejos, atender a los estímulos supone garantizar la supervivencia como especie.

Además, el proceso de atención es esencial para desarrollar otras tareas cognitivas e intelectuales.

Por ejemplo, la falta de atención origina carencias en la memoria, ya que no se puede recordar ninguna cuestión sin prestar la debida atención.

Esto también afecta a otras habilidades como la lógica, la abstracción, el cálculo, ...

"Sin atención no hay actividad humana posible, y las actividades más complejas, como en la ciencia o en la mística, requieren un mayor desarrollo de esta habilidad”.

“En última instancia, es la atención la que dota de sentido y significado nuestra vida [...]. Cabrá, pues, no solo potenciarla, sino ganar en sensibilidad", dice Luis López González, psicólogo y director del máster en Relajación, Meditación y Mindfulness de la Universidad de Barcelona, en su obra “Educar la Atención” (Ed., Plataforma Actual), en la que bajo una perspectiva psicopedagógica analiza, observa y potencia la atención.

¿De qué depende?

Los expertos vinculan la atención a varios agentes externos.

Entre ellos, se encuentra el nivel de intensidad del estímulo.

"El claxon de un coche o unas luces potentes dirigirán nuestros sentidos. Esto también es una cuestión evolutiva porque puede representar peligro", expone Martínez.

La novedad o la sorpresa o el significado que tiene el estímulo para cada persona también está relacionado con esta facultad cognitiva, según López.

Además, "las necesidades fisiológicas juegan un papel importante. Si tenemos hambre atendemos a aquello que nos permite conseguir alimentos", comenta Martínez.

Sin embargo, hay unas características relacionadas con el sujeto, con su mundo interno, que representan una poderosa arma en cuanto a la captación de la atención.

Estas son la motivación y las expectativas.

"Los seres humanos tenemos la capacidad de esforzarnos por los mecanismos de ilusión y por la búsqueda de la felicidad", continua.

Las emociones, por su parte, también dirigen la atención.

"Si alguien está preocupado por su hijo su atención fluctúa, ya que el foco está en ese hijo. De hecho, se usan fármacos como los ansiolíticos para combatir la ansiedad y aliviar los focos que nos obsesionan", dice.

Distracción, ¿enfermedad de nuestra sociedad?

Aunque en ocasiones se produzca en situaciones cotidianas que a priori no revisten gravedad, las distracciones y la falta de atención tienen impacto en la sociedad, tal como recoge “Educar la Atención”.

Según la Dirección General de Tráfico, las distracciones (el móvil, la compañía en el vehículo, comer o beber en el coche, el GPS, ...) fueron la causa del 32% de los accidentes con víctimas en 2017.

Asimismo, un porcentaje elevado (45%) de los accidentes laborales se producen por falta de atención según “La Prevención de los riesgos psicosociales en España, Europa y Latinoamérica”, de la Universidad Internacional de Valencia.

Mientras que en la infancia se traduce en problemas de aprendizaje o en fracaso escolar.

Según López la atención está mermada por la sociedad de las prisas, el resultado rápido y la multitarea (hablo por teléfono, reviso el correo y escucho de fondo la tele y me creo que soy eficiente en todas ellas).

"Vivimos en una sociedad distraída. Envuelta en la multitarea, que no es nada efectiva: deteriora la calidad de vida y la producción en una empresa, ya que la atención es secuencial y al final corremos el riesgo de no enterarnos de nada".

¿Por cuánto tiempo puedo mantener la atención?

Aunque "la atención es inagotable mientras estamos despiertos", acentúa López, y "sólo encuentra los límites de los órganos sensoriales", señala Martínez, el tiempo máximo que se puede mantener está marcado por la energía que requiere el estímulo.

"Suele estar en torno a 20 minutos. Por ejemplo, frente a un problema conceptual estaremos menos tiempo atentos porque requiere mayor energía", señala Martínez.

En cambio, "aquello que no implica mucha energía como algún programa trivial de tele, podemos estar toda una tarde pendientes sin dificultad. En este caso aparentemente se atiende, pero en realidad es un estado hipnótico que no demanda mucha actividad por nuestra parte", dice.

No hay que olvidar que "el cerebro se plantea continuamente si merece la pena prestar atención porque es un gasto energético importante.

Un buen orador es consciente de que no va a mantener más de 20 minutos la atención del público. Por eso cambiará el tono, contará otra cosa...", apunta.

Tras ese tiempo se produce un descenso en los niveles de atención.

"Aunque si nos proponen de nuevo algo atractivo se alcanza un nivel elevado", continúa Martínez.

Además del tiempo, esta facultad tiene varios enemigos como el cansancio, la fatiga, el sueño, incluso la alimentación.

"En función de la actividad que desempeñamos consumimos energía. Si estoy cansado no tendré voluntad para atender al estudio", asegura Castillejo.

En cuanto a la alimentación, afirma López, que "somos lo que comemos. Una dieta desequilibrada según diversos estudios incide negativamente en las habilidades cognitivas".

Entrenémosla

Dice López que "la atención es como una luz, y solo hay que darle al interruptor".

Para quienes encuentran ese pulsador “bloqueado”, han de saber que la atención se puede mejorar a través del "entrenamiento como si fuese un músculo y alargar la secuencia y trabajar la focalización".

Ahora bien, hay que "trabajarla de forma asidua y realizando ejercicios específicos y otras técnicas, como saber relajarse, respirar, atender a la postura corporal, meditar o prestar atención a cada momento, entre otros", explica el experto.

Tuneado del artículo publicado en El Mundo
Autor: Luisa Valerio

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