Menos «coaching» y más «touching»

Una nueva corriente sobre la forma en la que nos comunicamos insiste en que hace falta que nos toquemos más. Sentir al prójimo.

Acercarnos a la psique y al cuerpo del otro para que las relaciones humanas mejoren y nuestro día a día, tanto desde el punto de vista laboral como personal, sea más fructífero.

Habrá quien se lleve las manos a la cabeza cuando le planteen esta premisa y huya despavorido ante la idea de tener que sentir la piel ajena a pocos centímetros.

Sin embargo, los que defienden y definen esta filosofía de vida como el clímax de una sociedad perfecta insisten en sus beneficios, tanto individuales como globales.

El «coaching» ha hecho durante muchos años especial hincapié en nuevos modelos de conducta y los formadores de esta disciplina han brotado como amapolas en el campo.

El «boom» de entrenadores de las emociones tuvo su momento y ahora surgen nuevas corrientes que buscan en rincones perdidos de la personalidad nuevos ingredientes que mariden la receta perfecta.

Una de estas especialidades que cada vez tiene más adeptos es el «touching» y su mayor gurú es Pablo Álamo, que desde hace meses impulsa estas técnicas tanto en España como en América Latina.

Este reconocido consultor y doctor en Economía y Empresa define esta herramienta emocional como una manera de entender el liderazgo basado en la cercanía relacional, la conexión emocional y la inspiración interior.

Álamo defiende que, aunque «el "coaching" siempre será necesario, no es la solución más eficaz en muchos de los problemas y desafíos personales que afrontamos en el día a día.

¿Cuál es la diferencia real entre «touching» y «coaching»?

Según el experto, radica en la metodología y la finalidad.

«Si el "coaching" se fundamenta sobre preguntas poderosas con el objetivo de generar procesos de transformación, el "touching" busca esencialmente empoderar a las personas en la misión propiamente humana de conectar con el otro, con los colaboradores que forman parte de su empresa y su vida».

Si en el "coaching" el paradigma es la transformación a través de aumentar los niveles de conciencia, en el "touching" el paradigma es la relación, la responsabilidad del líder tanto a nivel de resultados como en las relaciones interpersonales.

En resumen, esta nueva corriente es un incipiente modo de pensar el liderazgo y la vida en común en la que el contacto físico y emocional es fundamental.

El “touching” hace especial énfasis en dos aspectos: escuchar de verdad y asimilar lo que nos cuentan y dedicar tiempo de calidad a nuestros encuentros con terceras personas.

Parecemos más cercanos, pero no es verdad

Pudiera parecer que la cultura mediterránea es más proclive al contacto físico como elemento complementario en la comunicación personal, pero no parece que esto sea cierto en el ámbito profesional.

Es cierto que en el aspecto social somos más próximos, tocones..., pero en una oficina somos lo que se puede denominar "artificialmente cercanos".

Si nos comparamos con los ciudadanos del centro-norte de Europa, observamos que ellos son más fríos en las relaciones personales, pero mucho más claros en los mensajes, lo que redunda en la efectividad de la comunicación.

Los británicos, por su parte, aunque lo que pretendan comunicar sea una obviedad, se sientan contigo y te lo explican mirándote a la cara.

En todas estas “incidencias» psicosociales”, Álamo vio una oportunidad.

Después de más de diez años dedicado al coaching y la consultoría, se dio cuenta de sus limitaciones.

«En diversas conversaciones con mi socio, el mexicano Alfredo Meneses, llegamos a la conclusión de que las empresas y las personas necesitan menos "coaching" y más "touching", entendido éste de dos maneras: como la absoluta necesidad de que los líderes estén cerca de sus colaboradores, sean cercanos y "toquen" la realidad de cada miembro de su equipo.

Conexión más profunda

También se refiere al "touching" a un segundo nivel, más profundo, como la misión esencial humana que los líderes no pueden delegar: «tocar» los corazones de sus seguidores o colaboradores en la misión.

«Hay que tocar la realidad del otro, sus problemas, limitaciones, contextos y expectativas; tocar su corazón, sus motivaciones más profundas: sólo así podemos sacar lo mejor de la gente y conseguir un compromiso sostenible».

Además, insiste en que el touching se aparta del paradigma del éxito en los negocios y propone una manera diferente de «habitar la ciudad, la empresa, la familia....

Tuneado del artículo publicado en La Razón
Autor: Ángel N. Lorasque

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