La Fortaleza del Perdón

El Perdón es una virtud relacionada con la gratitud y la humildad.

Perdonar es cambiar la lectura de lo que pasó, es importante diferenciar que lo “malo” es el comportamiento y no la persona.

Cuando perdonamos a alguien nos sentirnos mejor, porque dejamos ir esa sed de venganza, y emprendemos nuevas metas sin esa carga emocional del enojo.

Pensar todos los días en forma negativa sobre nuestro pasado es lo que hace que estemos infelices y sin paz.

Cuando tomamos la decisión de trabajar la fortaleza del perdón nos enfrentamos a un proceso de crecimiento humano en el que pasamos por unas fases muy similares a las del duelo.

Al final lo que hacemos es “dejar ir” esas sensaciones a las que nos estamos aferrando.

Fases por las que pasa el perdón

  1. Negación: En ocasiones no somos capaces de ser conscientes de ese dolor que hemos sentido, y miramos hacia otro lado, negamos ese dolor.
  2. Enfado/Ira: Cuando tomamos conciencia del daño podemos pasar a un estado de enfado o ira. Al fin y al cabo, sentimos que nuestros límites han sido transgredidos y la forma que nuestro organismo tiene para darnos aviso es “enfadarnos”. En esta fase pueden surgir deseos de venganza, agresividad, hostilidad, que dan mucha energía, pero no nos alivian a largo plazo.
  3. Toma de decisión/negociación: Todo lo que hemos hecho hasta ahora es insuficiente, no conseguimos liberarnos de esta sensación: “Esto no funciona, tengo que hacer algo diferente”.
  4. Tristeza/depresión: Nos dejamos sentir todas las emociones que ese suceso han despertado, asumir las consecuencias, lo que supuso para nosotros.
  5. Aceptación: Estamos listos para soltar esas emociones, ya no nos “pesan”.

REACE: Técnica para aprender a perdonar

Everett Worthington, investigador y catedrático de Psicología en la Universidad de Virginia, propone un proceso de 5 pasos llamado REACE

R.- Recuerdo del daño. Repensar lo que pasó objetivamente, ver los hechos. No con autocompasión y no pensar en el otro como malvado.

E.- Empatía. Intentar comprender por qué el otro me hizo daño, cuál fue su motivación, qué circunstancias lo llevaron a hacerlo.

A.- Altruismo. Recordar una ocasión donde tú fuiste el transgresor, te sentiste culpable y fuiste perdonado. Agradecer por ello.

C.- Compromiso. Perdonar públicamente, redactar una carta de perdón y comentarlo a alguien.

E.- Engancharse al perdón. Es hacerlo parte de nuestra vida. No es olvidar. Es cambiar el recuerdo del suceso. Verlo desde otra óptica que te de tranquilidad y en paz.

Beneficios de la práctica del perdón

Más allá del significado y las consecuencias relacionales que puede tener el perdón, ya que se produce en relación con el otro, el perdón supone un beneficio para quien lo desarrolla y lo potencia.

El mayor beneficio del perdón es la liberación, es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos.

No liberamos al otro, nos liberamos del resentimiento, de ese “hacer presente” el pasado, de revivir una y otra vez el dolor del pasado.

Tras pasar por todas esas fases nos sentimos más capaces, nuestro auto-concepto se modifica y nos sentimos empoderados.

Gracias al perdón empezamos a construir una concepción del mundo como un sitio menos hostil, y esto nos ayuda a:

  • Aumentar nuestro bienestar y reducir los estados depresivos
  • Mejorar nuestras relaciones personales
  • Aumentar los estados de amabilidad y no agresividad
  • Mejorar nuestras relaciones familiares
  • Mejorar nuestra auto-concepto y nuestra autoestima

Todos estos beneficios hacen del perdón una fortaleza que merece la pena, y la alegría, trabajar y poner en práctica.

Cambios que suponen crecimiento interior

Según Martin Seligman, el gran investigador de la psicología positiva desde el departamento de Psicología Positiva de la Universidad de Pensilvania:El perdón de las ofensas produce una serie de cambios beneficiosos en el interior de una persona”.

Cuando las personas perdonan, sus motivaciones básicas o inclinaciones a actuar sobre el transgresor se tornan más positivas -benevolentes, amables o generosas- y menos negativas – vengativas o de evitación.

El psicólogo recoge el perdón y la compasión como una fortaleza más dentro de su modelo, es decir, como una característica humana presente en cada uno de nosotros, susceptible de ser desarrollada y potenciada para aumentar nuestro bienestar.

El perdón es una decisión, que nos libera de emociones que nos lastran.

Es una actitud, porque nos permite mirar al otro y a nosotros mismos de un modo más amable y comprender que nuestras razones se basan en interpretaciones, no en hechos objetivos.

Requiere de valentía para desprenderse de la ira o del enfado y para comprender que detrás de la falta de delicadeza o de criterios maduros existe una persona con mucho miedo para haber actuado con mayor cordura.

Lo que Robin Casarjian define como “un niño interior herido o asustado".

Perdonar no es olvidar

El perdón, además, tiene la capacidad de transformar la amargura en neutralidad o incluso en recuerdos con tinte positivo.

Así lo resume Martin Seligman: No puedes hacer daño al culpable no perdonando, pero puedes liberarte perdonándolo

Perdonar no significa olvidar o negar el dolor, sino cambiar las etiquetas del propio pasado.

Ya lo hemos dicho: todo el proceso se apoya en el cambio de percepción de los hechos y de las personas que nos pudieron hacer daño.

Por ello, si somos capaces de tomar distancia, de empatizar con el otro y con sus motivos de fondo (aunque nos cueste) y de reinterpretar lo vivido, tendremos más capacidad para superar los recuerdos dolorosos.

Solo podemos tener equilibrio y paz en nuestra vida y avanzar si nuestro equipaje emocional es liviano.

La sed de venganza y el odio son cargas demasiado pesadas para estar en armonía y ser feliz.

Y todo ello, además, podemos aplicarlo al perdón hacia uno mismo.

Así que, ¡libérate de la carga y perdona!

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