Inteligencia emocional y toma de decisiones

Lo emocional

Las investigaciones dirigidas por Antonio Damasio concluyen que la toma de decisiones es un proceso que, llegado el momento de tener que realizar una elección cualquiera, se encuentra potentemente influenciado por las emociones y los sentimientos, y que de no contar con el mecanismo de los marcadores somáticos (emocionales) que nos señalan de forma inconsciente nuestras preferencias, la vía racional nos mantendría inmersos en un análisis sin fin entre las diferentes posibilidades a considerar.

Esta es la causa por la que, en cualquier proceso de toma de decisiones, las emociones y los sentimientos nos permiten escapar al riesgo potencial de ese interminable análisis, abriéndonos un abanico de nuevas opciones que nos posibilitan decidir teniendo en cuenta tanto la razón (lo racional) como las “razones del corazón” (lo emocional), de las que ya nos hablaba Pascal.

Esto nos induce a pensar que, dado que las emociones y los sentimientos son tan importantes en la toma de decisiones, un buen manejo de las mismas se constituye en un factor diferenciador para estar más acertados en nuestras elecciones.

Es en este punto es donde nos encontramos con la inteligencia emocional descrita por Daniel Goleman y definida por él como la capacidad de ser consciente de nuestras emociones y de las de los demás, con cinco dimensiones anexas diferenciadas:

Autoconciencia Sugiere tener un entendimiento profundo de nuestras emociones, fortalezas y debilidades, impulsos y necesidades. Una persona con autoconciencia reconoce como sus sentimientos lo afectan a sí mismo y a los demás, también sabe hacia dónde se dirige y por qué, y por ellos es capaz de ser firme a la hora de tomar decisiones.

Autorregulación Es el control y manejo de los sentimientos e impulsos, siendo capaz de crear ambientes de confianza y equidad. Una persona con esta competencia fortalecida es capaz de mantenerse serena a pesar de las circunstancias, suspender los juicios y buscar la mejor solución posible sin dejarse dominar por sus emociones.

Motivación Las personas que tienen inteligencia emocional se sienten motivadas por un profundo deseo de lograr algo por el simple hecho de hacerlo, los motivantes externos son secundarios. Estas personas son persistentes y buscan desafíos creativos, les gusta emprender y se sienten orgullosas de ellas mismas al alcanzar las metas.

Empatía Capacidad de captar los sentimientos, intereses y necesidades ajenas y ver las situaciones desde su perspectiva, logrando afinidad con una gran diversidad de personas. Supone ser capaz de ponerse en los zapatos del otro. Es común que las personas altamente empáticas disfruten de gran popularidad y reconocimiento social.

Habilidades sociales Una persona con habilidades sociales interactúa con facilidad y es capaz de persuadir, liderar, dirigir, negociar y resolver problemas con personas de todo tipo; además, cuenta con una habilidad para encontrar puntos en común con otras personas lo que hace que normalmente tengan un amplio círculo social.

El fortalecimiento de estas dimensiones tiene un efecto directo en la forma como elegimos, ya que, al ser conscientes de las emociones propias y ajenas podremos tener un mejor manejo de las situaciones donde nos vemos enfrentados a tomar decisiones que nos involucran a nosotros mismos y los demás.

Lo racional

En su trabajo académico, Damasio se basa en diferentes términos como razón, racionalidad, y toma de decisiones, entendiendo la razón como “la capacidad de pensar y de hacer inferencias de una manera ordenada y lógica”, mientras que define la racionalidad como “la cualidad de pensamiento y comportamiento que procede de adaptar la razón a un contexto personal y social”.

Damasio explica que el mayor propósito del razonamiento es el de decidir. Los términos razonamiento y decisión implican que el decisor posea alguna estrategia lógica para producir inferencias válidas, además de disponer de conocimientos:
  • sobre la situación que requiere una decisión
  • sobre las diferentes opciones de acción (respuestas)
  • sobre las consecuencias de cada una de estas opciones (resultados), inmediatamente y en épocas futuras”
Damasio plantea que decidir bien es seleccionar una respuesta que en último término será ventajosa para nuestro organismo en términos de supervivencia y de la calidad de dicha supervivencia, directa o indirectamente.

Decidir bien también significa decidir prontamente, en especial cuando el tiempo es indispensable, y, al menos, decidir en un marco temporal que se estima apropiado para el problema inmediato.

Damasio resalta la importancia del razonamiento en la toma de decisiones, desvelando que quien decide debe tener un saber sobre:
  • la situación a la que se enfrenta
  • las opciones de acción que puede implementar
  • las consecuencias de dichas acciones
  • Un análisis de costo-beneficio
En la vida real ello implica una gran dificultad para determinar los efectos precisos de nuestras elecciones, ya que en la mayoría de las ocasiones no podemos disponer ni de toda la información relevante ni del tiempo suficiente para revisarla y compararla.

Damasio añade dos concepciones tradicionales que se manejan con respecto a la toma de decisiones.

La primera es la llamada razón elevada, que se basa principalmente en la concepción del sentido común, maneja la lógica formal y para obtener resultados más confiables se deben dejar a un lado las emociones.

De acuerdo con Damasio, los datos que se deben comparar en un análisis costo beneficio son innumerables, el tiempo para hacerlo es finito y la atención y memoria funcional son limitadas. Es por esto que para tomar una decisión (por más racional que aparente ser) se requiere un camino más corto, más eficaz, un marcador emocional que aporte un sistema de pesos inmediato (valoración) a los datos más relevantes en cada situación.

La segunda concepción es la hipótesis del marcador somático, el cual aparece a partir de aspectos biológicos innatos, pero sobre todo a partir de las experiencias que conforman la historia vital del individuo.

Los marcadores somáticos se definen como un caso especial de sentimientos generados a partir de emociones secundarias (en cuya formación intervienen toda una cadena de pensamientos conscientes que se desarrollan a través de la experiencia).

El marcador somático puede actuar de forma encubierta sin aparecer directamente en la conciencia. Es un dispositivo biológico que funciona como un sistema de calificación automática de predicciones, las cuales son “vividas” por los individuos como teorías adecuadas de su propia mente y de la mente de los demás.

Estas predicciones se consolidan cuando nos vemos enfrentados a una decisión crítica. Focalizan la atención sobre el posible resultado negativo al que podría conducir una elección determinada y trabajan como una señal de alarma automática que nos avisa del riesgo.

La toma de decisiones

Tomar decisiones es el más importante de nuestros súperpoderes cerebrales. Las emociones son la más poderosa herramienta con la que contamos para ello. Ser capaz de entender y gestionar tus emociones y sentir empatía hacia los demás es muy beneficioso para casi todo, pero también tiene su lado oscuro. Porque la inteligencia emocional se asocia con niveles más altos de conciencia, por eso resisten más sus impulsos y son muy medidos: prefieren ir sobre seguro.

En circunstancias extremas, las personas con mayor autocontrol pueden pretender lograr un perfeccionismo tan intenso que puede llegar al inmovilismo, aunque existen resultados contradictorios en este sentido.

Investigaciones realizadas por el psicólogo Gregory J. Feist muestran que las personas que controlan y gestionan adecuadamente sus emociones no son tan inconformistas como para desafiar un estatus dado y proponer reemplazarlo por uno nuevo; encuentran dificultades a la hora de proponer innovaciones, miden las consecuencias y prefieren ser prudente y no arriesgarse a incomodar a alguien.

Por el contrario, el psicoterapeuta José Zurita opina que "es cierto que las personas con alta inteligencia emocional no tienen niveles de inconformidad muy altos, aunque eso no quiere decir que no sean capaces de transgredir límites. A cambio, son más abiertas, más flexibles y tienen en cuenta aspectos como la interacción, que hace que se enriquezcan mucho".

Y aunque parece que los grandes genios de la Historia de la Humanidad (Da Vinci, Edison, Einstein, …) han mostrado pocos signos de desarrollo de su inteligencia emocional, en nuestra opinión, lo más saludable es siempre tratar de cultivar este fantástico súperpoder cerebral como una cualidad vital imprescindible que nos ayuda a desarrollarnos y crecer en el mundo.

Porque, si lo pensamos bien… ¿de verdad nos apetecería vivir en un mundo de genios adustos y con poca o nula sensibilidad, empatía y tendencia a la colaboración?