El envejecimiento nos hace más vulnerable a las infecciones

A pesar de que a lo largo del siglo XX, en el mundo occidental se constata que la mortalidad debida a enfermedades infecciosas viene siendo sustituida progresivamente por la causada por diversos grupos de enfermedades crónicas, en el paciente anciano éstas son todavía una causa importante de mortalidad, que alcanza el 40% en los mayores de 65 años (segunda causa de muerte después de las enfermedades cardiovasculares), y morbilidad (es uno de los motivos más comunes de consulta al médico de cabecera y a los servicios de urgencias).

Aunque no hay infecciones propias del anciano, todas ellas presentan unas características diferenciales respecto a las sufridas por los pacientes más jóvenes, colectivo en el que suelen manifestarse de forma más sutil, pero a la vez, con más intensidad.

Así, las infecciones en las personas mayores se pueden manifestar de forma atípica, en especial si el paciente presenta criterios de fragilidad. Por ello, no es extraño que el primer síntoma de una infección sea la aparición de un síndrome geriátrico o simplemente un deterioro físico o cognitivo, lo que suele ocasionar un retraso en su diagnóstico si no se tiene un alto índice de sospecha.

Factores de riesgo de infección en el anciano

Las características de las enfermedades infecciosas en el paciente anciano presentan una serie de diferencias respecto a otros grupos de edad, y ello es debido a la existencia de diversos factores que las favorecen, tanto intrínsecos como extrínsecos.

Entre los factores intrínsecos destacan la presencia de un debilitamiento del sistema inmunitario (inmunosenescencia), la frecuente comorbilidad asociada (pluripatología), el envejecimiento de los diferentes órganos y la elevada incidencia de desnutrición.

Conforme envejecemos, nuestro cuerpo se va volviendo más vulnerable a las infecciones. Siendo más concretos, nuestro sistema inmune va perdiendo de manera progresiva su capacidad para dar respuesta a los agresores naturales del organismo: los virus, los hongos y las bacterias.

Y, ¿esto a qué es debido? La explicación tradicional explica que es consecuencia de que las células del sistema inmune van experimentando un deterioro paulatino de su rendimiento con el mero transcurso de los años.

Sin embargo, aparecen recientes trabajos de investigación que nos revelan una mayor información. Según un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Cambridge (UK), han descubierto que la acción de las células inmunitarias, y más concretamente los linfocitos T, se lleva a cabo de una forma cada vez más descoordinada, lo que resulta en una pérdida de la ‘potencia’ o eficacia de la respuesta inmune frente a los invasores.

Ese es el resultado que se viene observando en los experimentos realizados en los laboratorios con modelos animales, fundamentalmente, ratones.

Explica Duncan Odom, co-director de esta investigación publicada en la revista Science: “imagine el sistema inmune como un ‘ejército de células’, siempre listo para proteger al organismo frente a las infecciones. Nuestro trabajo revela que este ejército está bien coordinado en los animales jóvenes, con todas las células trabajando juntas y operando como una falange griega para bloquear la infección. y es que esta estrecha coordinación hace que el sistema inmune sea más fuerte y le permite combatir la infección de forma más efectiva. El problema es que cuando un animal envejece, esta coordinación celular se viene abajo. Así, y si bien las células individuales todavía son fuertes, la falta de coordinación entre las mismas provoca que su efectividad colectiva sea menor".

Preocupados por los efectos inherentes a los procesos que se desencadenan durante el envejecimiento, en las últimas décadas se han venido desarrollando infinidad de estudios con el objetivo de identificar las causas que explican el deterioro en las funciones de diversos órganos y sistemas del cuerpo debido al transcurso de los años.

Un caso particular por su importancia lo supone el sistema inmune, ya que su deterioro o pérdida de efectividad provoca que nuestro organismo sea más vulnerable a las infecciones.

Como consecuencia, los autores del nuevo estudio se han centrado en los linfocitos T CD4+, responsables de la coordinación de la respuesta de todas las células inmunitarias –caso de la producción de anticuerpos por los linfocitos B y de la fagocitosis de un ‘cuerpo extraño’ por los macrófagos– frente a un organismo invasor.

En el estudio, los autores emplearon técnicas de secuenciación de células individuales –o de ‘célula única’– de alta resolución para ver qué cómo la edad afecta a la variabilidad intercelular. Para ello, secuenciaron el ARN de linfocitos CD4+, tanto “sin experiencia” o recién formados y, por tanto, ‘vírgenes’ en el combate– como “con memoria” –es decir, que ya han sido expuestos a un antígeno específico– de ratones jóvenes y longevos.

Según John Marioni, co-director de la investigación, «uno puede pensar en la secuenciación del ADN como en un batido de frutas. La tecnología tradicional de secuenciación sería casi como tomar un sorbo de este batido y después tratar de adivinar cuáles son los ingredientes.

Sin embargo, las técnicas genómicas de células individuales nos permiten estudiar los ingredientes individualmente, por lo que podemos mirar directamente a cada uno de los constituyentes.

Esto implica que la secuenciación de células individuales nos permite echar un vistazo a millares de genes en un momento dado».

Los resultados mostraron que, comparada frente a los de sus homónimos más jóvenes, la expresión de los genes de los linfocitos T CD4+ de los ratones más longevos era mucho más variable.

Dicho de otra manera, ante la llegada de un agente infeccioso, los linfocitos respondían de forma heterogénea y expresaban genes distintos. Así, y dado que parecía que cada linfocito actuaba como ‘le daba la gana’, las células no actuaban de “forma coordinada”.

Una falta de coordinación que, por el contrario, no fue observada en el caso de las células inmunes de los animales jóvenes. Por tanto, puede concluirse que esta sincronización en la respuesta se pierde con la edad.

Como apunta Nils Eling, co-autor de la investigación, «la ventaja del análisis de la expresión génica de células individuales es que detecta cómo las poblaciones celulares sincronizan su respuesta. Y resulta ciertamente interesante ver cómo el envejecimiento deteriora de forma significativa esta respuesta. Un fenómeno que nunca se había visto hasta ahora».

En definitiva, el deterioro de la respuesta inmune asociado a la edad parece que no es el resultado de una pérdida de la fuerza de las células inmunitarias, sino la consecuencia de una falta de coordinación en esta respuesta.

Si bien sería interesante conocer si esta pérdida de la sincronización es exclusiva del sistema inmune o sucede también en el resto de órganos, hay que reconocer que aún no se sabe, pero esta nueva vía de investigación nos muestra un camino novedoso para profundizar en la exploración de los mecanismos asociados al envejecimiento en todos los tipos de células.

No obstante, y aunque aún queda mucho por investigar y descubrir, las evidencias que se van acumulando que vinculan la importancia de atender a nuestro sistema inmunitario como vehículo para potenciar nuestra salud, resultan cada día más abrumadoras.