Párkinson, intestino y transplante de heces

La Enfermedad de Párkinson, que ataca los movimientos de personajes tan relevantes como Muhammad Ali y Michael J. Fox –entre otros seis millones de personas en el mundo–, es cerebral.

Pero cada vez parece más cierto que en ciertos casos su origen puede estar en el estómago o el intestino, o incluso en la nariz, y de ahí ir saltando de neurona a neurona hasta llegar a los centros cerebrales del movimiento.

Como una infección, parece que avanza de célula a célula. Lo que salta no es un virus o una bacteria, sino una proteína. Y una teoría cada vez más extendida sostiene que esa proteína se comporta como un prion.

Años antes del diagnóstico, los pacientes de la Enfermedad de Párkinson suelen quejarse de problemas digestivos y de olfato. Existen teorías que apuntan a que su inicio puede estar en el intestino, pero ¿cómo puede una enfermedad cerebral comenzar tan lejos del cerebro?

Según un estudio publicado recientemente en ‘Neurology’, la revista médica de la Academia Americana de Neurología, la Enfermedad de Párkinson puede comenzar en el intestino y extenderse al cerebro a través del nervio vago.

El nervio vago se extiende desde el tronco encefálico hasta el abdomen y controla los procesos inconscientes del cuerpo como la frecuencia cardiaca y la digestión de los alimentos.

Investigadores del Instituto de Tecnología de California (USA), consideran que estos hallazgos podrían conducir a nuevas estrategias de tratamiento para la segunda enfermedad neurodegenerativa más común en el país norteamericano.

“Por primera vez hemos descubierto un vínculo entre el microbioma intestinal y la Enfermedad de Párkinson”, explica Sarkis Mazmanian, uno de los autores del trabajo, que insiste en que las enfermedades neurodegenerativas podrían tener su origen en el intestino y no solo en el cerebro.

“El descubrimiento de que los cambios en el microbioma pueden estar involucrados en la Enfermedad de Párkinson es un cambio de paradigma y abre nuevas posibilidades para el tratamiento de los pacientes", añade Mazmanian.

La Enfermedad de Parkinson es causada por la acumulación en las neuronas de proteínas α-sinucleína anormales, lo que ocasiona efectos particularmente tóxicos en las células que liberan dopamina en las regiones cerebrales que controlan el movimiento. Como resultado, los pacientes experimentan temblores, rigidez muscular, lentitud de movimiento y deterioro al caminar.

Las terapias actuales se centran en aumentar los niveles de dopamina en el cerebro, pero estos tratamientos pueden causar efectos secundarios graves y a menudo pierden efectividad con el tiempo.

Para abordar la necesidad de tratamientos más seguros y eficaces, los investigadores empezaron a analizar la microbiota intestinal y observaron que los pacientes poseen una flora alterada, con problemas gastrointestinales y alteraciones como estreñimiento, que con frecuencia degeneran en déficits motores en estos individuos.

La microbiota intestinal se define como el conjunto de microorganismos que habitan de forma natural en el tubo digestivo.

Bacterias, hongos y virus se incluyen dentro de este ente fisiológico que va mucho más allá de ser un mero espectador pasivo de la mucosa intestinal.

La microbiota interviene de forma activa en la homeostasis y su desregulación se ha relacionado con múltiples enfermedades de naturaleza infecciosa, metabólica y autoinmunitaria.

El trasplante de microbiota fecal (TMF) consiste en la introducción de una solución de materia fecal debidamente procesada procedente de un donante sano en el tracto gastrointestinal de otro individuo con el fin de manipular las características de la microbiota del receptor.

Aunque pueda parecer algo novedoso, los primeros casos se remontan a la época de la China Imperial; no obstante, no ha sido hasta los últimos 20 años cuando el interés y la actividad investigadora en este campo se han multiplicado de forma exponencial.

Fruto de este trabajo el TMF constituye hoy en día una herramienta eficaz y validada en casos refractarios de diarrea por Clostridium Difficile. Aunque la evidencia científica es menor, ya existen ensayos clínicos que evalúan su beneficio en la enfermedad inflamatoria intestinal y en el síndrome metabólico.

Lo atractivo de su mecanismo fisiopatológico, la sencillez del procedimiento y su bajo coste lo sitúan como un tratamiento prometedor en múltiples enfermedades extradigestivas.

Aunque la idea de introducir en el intestino heces de otra persona parezca algo repulsivo se trata de una antiquísima práctica de la medicina oriental que se investigó con especial interés hacer décadas y hoy se considera un método eficaz para tratar infecciones intestinales complicadas; especialmente en el caso de la Clostridium Difficile, bacteria resistente a los antibióticos que sólo en Estados Unidos causa ¡un centenar de muertes diarias! Es más, el transplante fecal no sólo ha demostrado ser una solución rápida y eficaz en todas las enfermedades inflamatorias intestinales -colitis ulcerosa enfermedad de Crohn...- sino en otras dolencias sin curación para la medicina convencional como la fatiga crónica, la esclerosis múltiple y muchas de las denominadas "enfermedades autoinmunes".

Algunos otros problemas intestinales difíciles de tratar pueden beneficiarse de un trasplante de materia fecal, en especial algunos casos de síndrome de intestino irritable (SII).

Ya existen informes de mejora dramática en enfermedades como la obesidad, la diabetes tipo 1, diabetes tipo 2, la artritis reumatoide, enfermedad de Sjogren, y la Enfermedad de Parkinson, después de un trasplante de materia fecal.

Si este procedimiento funcionará para usted, es algo que tiene que trabajar específicamente con su médico.