El coronavirus y nuestro sesgo optimista

Llevamos diez meses de pandemia, 35 millones de contagiados y más de un millón de muertos. Sin embargo, vivimos cada día como si la posible infección no fuera con nosotros.

¿Qué hay detrás del “a mí no me va a pasar”?

¿Qué es el sesgo optimista?

Es la creencia de que, contra todo pronóstico, las cosas saldrán bien a nivel individual. Que el futuro será mucho mejor que el pasado y el presente.

Pero también puede llevarnos a tomar riesgos innecesarios en la vida.

Muchas de las decisiones supuestamente imparciales que tomamos todos los días en realidad están influenciadas por el hecho de que pensamos positivamente sobre el futuro, pero que nos hace subestimar las probabilidades de vivir experiencias negativas.

¿De dónde viene?

Es algo muy generalizado. Y se cree que es algo parcialmente genético.

Al analizar gemelos idénticos y mellizos se ha podido comparar ambas categorías, lo cual ayuda a saber si hay un componente genético. Y sugieren que efectivamente el sesgo optimista sí tiene un componente genético.

También, es un fenómeno que se da en la naturaleza. Se ha visto en todo tipo de especies, ya sean ratas, pájaros, caballos o cerdos. Puede sonar raro decir que un animal es optimista, pero es cierto.

Optimismo privado y desesperanza pública

Las personas tendemos a ser pesimistas cuando pensamos en el futuro de nuestro país o nuestros líderes y todo este tipo de asuntos globales.

Esto se llama “optimismo privado y desesperanza pública”.

Una de las razones es la sensación de control.

La gente siente que controla su propio futuro y puede dirigir el timón de su vida en la dirección correcta. Por eso son optimistas al analizar sus riesgos y sus posibilidades.

Pero, al mismo tiempo. no sienten que puedan controlar lo que pasa en su entorno, en su sociedad, en el mundo en general, y por eso no son optimistas en esos ámbitos.

El sesgo optimista es adaptativo

Por ejemplo, si ponemos a alguien en un entorno muy peligroso y amenazador, el sesgo optimista desaparece temporalmente. En un entorno tan peligroso no queremos subestimar los riesgos.

Al poner a la gente de nuevo en un entorno seguro, el sesgo optimista vuelve inmediatamente.

Parece que es un mecanismo adaptativo, cambia, va y viene, dependiendo del entorno en que estés. Ahora, la mayoría del tiempo estamos en entornos seguros, por eso casi siempre el sesgo optimista está presente.

El lado negativo del sesgo optimista

Las suposiciones demasiado positivas nos pueden llevar a errores de cálculo desastrosos.

Por ejemplo: no nos hacemos chequeos de salud, no pensamos en contratar un seguro de viajes, conducimos en estado de ebriedad, no usamos el casco en la bicicleta o en la moto, usamos el móvil mientras conducimos, … y hasta es más probable que apostemos en una mala inversión.

También, este sesgo es el que nos lleva a enamorarnos por quincuagésima vez, a pesar de que hemos quedado traumatizados por la ruptura no deseada de cada relación anterior.

Nos lleva a asumir riesgos cotidianos tan estúpidos y sin sentido como: saltarnos un stop, querer ganar en velocidad al tren o a otro coche.

Las cosas malas siempre le van a pasar a otros, ¿no es cierto?

Pues bien, no, no es cierto.

El lado que nos lleva hacia adelante

Si es acertado pensar que, sin optimismo, nuestros antepasados nunca se habrían alejado de sus tribus y todos podríamos seguir viviendo en cuevas.

Para avanzar, necesitamos poder imaginar realidades alternativas, mejores, y debemos estar convencidos de que podemos lograrlas.

Esta certeza ayuda a motivarnos a perseguir nuestras metas.

¿Por qué tendemos a ser más optimistas?

Para pensar positivamente primero debemos ser capaces de imaginarnos a nosotros mismos en un futuro.

El optimismo empieza con lo que puede ser el talento humano más extraordinario: el viaje mental en el tiempo, la capacidad de moverse hacia adelante y hacia atrás a través del tiempo y el espacio con la extraordinaria facultad de nuestra mente.

Esta capacidad es fundamental para nuestra supervivencia.

Este viaje mental nos permite planificar con anticipación, ahorrar alimentos, soportar el trabajo duro, predecir cómo nuestro comportamiento actual puede influir en las generaciones futuras, ...

Si no pudiéramos imaginar el mundo en cien años o más, ¿nos preocuparía el calentamiento global? ¿Intentaríamos vivir saludablemente? ¿Tendríamos hijos?

La capacidad de visualizar el futuro depende en buena medida de nuestro hipocampo, pero, el cerebro no viaja en el tiempo de manera aleatoria. Se involucra en tipos específicos de pensamientos.

Razones para el optimismo

Existen 3 razones principales por las que ser optimista es mejor, a pesar del riesgo del sesgo optimista:

  1. Las personas con altas expectativas, las personas optimistas, siempre se sienten mejor.

Está demostrado que cuando las cosas le salen bien a un optimista, casi siempre atribuye dicho éxito a sus propias cualidades.

En cambio, cuando fracasa atribuye las razones a factores externos, fuera de su control.

Los pesimistas hacen exactamente lo contrario, lo que los lleva a sentirse peor.

2. La anticipación nos hace felices

Independientemente del resultado final, disfrutamos anticipando un escenario optimista.

Por eso, la mayoría prefiere los viernes a los domingos, a pesar de que el viernes es laboral y el domingo festivo

3. El optimismo conduce a una mejor realidad objetiva

Es la buena profecía autocumplida.

Parece que el optimismo se correlaciona claramente con más éxito social, deportivo o académico, mejores relaciones, mayor éxito profesional, ...

Incluso la salud mejora porque el estrés y la ansiedad se reducen

¿Qué hacemos?

Tu optimismo no va a desaparecer. Y esto es positivo porque quiere decir que podemos seguir siendo optimistas y aprovechar todas las ventajas que proporciona el carácter optimista del ser humano….

Pero al mismo tiempo tenemos que elaborar normas para protegernos, porque el sesgo optimista hace que nuestra forma racional de pensar se vea alterada.

En resumen, no dejes de ser optimista, pero no dejes de tomar precauciones: Lávate las manos tan a menudo como puedas, ponte la mascarilla y mantén la distancia social de seguridad. El virus es real y no perdona. Es más optimista que tu.

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