¿Dónde guardas tu emoción?

Para dar nombre a una emoción, lo primero que debes hacer es atender al síntoma físico que la introduce: localízalo en tu cuerpo y observa su desarrollo.

Me refiero a la “sensación”, ese cúmulo de energía que se acumula en cierta zona de nuestro físico como respuesta a algún estímulo exterior o interior.

Descubrirás que el enfado y la tristeza no nacen en el mismo lugar ni tienen la misma temperatura, ni ‘color’ ni trayectoria…

Por ello, escucha tu sensación; ¡Escucha a tu cuerpo! y pregúntate ¿Dónde sientes lo que sientes?, ¿Cómo es esa sensación?,¿caliente ?, ¿fría?

Cuando sepas dónde nace cada una y cómo es habrás desarrollado gran parte de tu Inteligencia Emocional.

Estarás en el camino acertado para practicar la escucha del primer indicio emocional en su cuerpo.

A partir de ese momento, estarás en disposición de acceder a importantes ventajas:
  • Tendrás más tiempo de reacción para modularla emoción y manejarla mejor, al identificarla ya desde su inicio.
  • Sabrás a ciencia cierta qué te está pasando y podrás evitar la archiconocida frase: «me encuentro mal, pero no sé lo que me pasa».
  • Al saber lo que te está pasando estarás en mejor disposición de tomar control de lo que te ocurre y actuar en consecuencia.
  • Mejorará tu grado de autoconocimiento observando las cosas que te afectan y cómo te afectan.
Juega a ¿Dónde guardas tu emoción?

Os propongo un juego ideal para todas las edades, y también para practicarlo con toda la familia, con el que potenciar también el oído y la sensibilidad musical.

Es un entrenamiento que se aconseja practicar al menos una vez por semana.

Al principio notarás una cierta falta de sensibilidad generalizada, pero con constancia lograrás avanzar en la pericia de identificar lo que tu cuerpo te dice.

Desafortunadamente, vivimos en un tipo de sociedad en la que el cuerpo no es considerado como lo que es, no sólo una valiosa herramienta, sino una maravillosa fuente de información y conocimientos. Y, además, nos lo está diciendo constantemente.

Pero vamos al juego.

Materiales que necesitamos:
  • Hazte con un repertorio musical variado que abarque todos los estados anímicos. Te propongo algunos ejemplos para empezar a indagar. Si participan niños (recomendable), recuerda que hasta los 7 años debes trabajar con las emociones básicas.

    Es importante que las piezas tengan fuerza dramática y profundidad expresivas y que la calidad y el volumen en la emisión sean adecuados. A título de ejemplo (mejor si eliges tus propias piezas musicales)
    • Alegría (“Júpiter”, de Holst…)
    • Tristeza (“Claro de luna”, Beethoveen)
    • Miedo (“Réquiem por un sueño”, “Drácula”…)
    • Enfado (B.S.O de Espartaco, Stanley Kubrick)
  • Para niños de 7 años en adelante, te recomiendo utilizar un “emocionario”. Estos libros son ideales para diferenciar con exactitud los distintos matices emocionales (puedes encontrarlo en Amazon).

A continuación, busca las melodías que mejor reflejen el estado anímico que buscas.

Pautas para los participantes:
  • Los jugadores deben tumbarse boca arriba y cerrar los ojos. La intención es contribuir a estar más atentos a las sensaciones corporales internas.
  • El objetivo es sentir la música habitando tu cuerpo; buscar un equilibrio entre escucha interna (hacia tu cuerpo) y externa (hacia la música).
Hay que estar atento y comprobar donde nace la sensación, por imperceptible que sea. Lo interesante no es que cada uno averigüe las sensaciones que experimenta. Una vez más, no se trata de pensar, sino de sentir.

¡Investiga!, ¡Escucha a tu cuerpo! Continuamente te lanza información, sólo tienes que escucharla. Así se trabaja en ciertas terapias, como la Gestalt. Nadie te dice nada hasta que tú lo descubres por ti mismo. Siempre habrá tiempo después para leer un manual.
  • ¿Cómo es esa sensación? Para intentar definirla, imagina un color, una temperatura (¿caliente o fría?), una trayectoria (que observen si va creciendo y hasta qué zona se extiende) …
  • Hay que poner un nombre a esa sensación. Se trata de identificar la emoción: tristeza, alegría, enfado, miedo…
  • Puesta en común: Los jugadores se deben colocar en círculo después de haber escuchado la pieza para compartir cada uno su experiencia (lugar, color, trayectoria y nombre de la emoción).
  • Acaba la actividad dando el nombre y el autor de la pieza musical para trabajar también el aspecto cognitivo y ampliar los conocimientos musicales de los más pequeños y así puedan practicar ellos solos si lo han disfrutado.
Nuestras emociones se encuentran doblemente relacionadas con nuestro cuerpo y con el sentido figurado que culturalmente les imputamos.

El nudo en la garganta del miedo, las mariposas en el estómago del enamoramiento, la “tristeza seca” o la “furia fría” de Simone de Beauvoir son, aun en su dimensión metafórica, realidades físicas que experimenta nuestro cuerpo, reacciones y sensaciones que en última instancia poseen una dimensión innegable en los órganos y tejidos que también nos constituyen.

En una visualización que podría parecer sencilla pero no por ello menos sorprendente, un equipo de investigación de la Universidad finlandesa de Turku publicó los resultados de este estudio en el que algunas de las emociones más representativas de la naturaleza humana se muestran a través de una cámara térmica, otorgando una perspectiva distinta, aunque al mismo tiempo familiar, de estos fenómenos.

Así, el amor suscita una ola de calor en todo nuestro cuerpo, al igual que la felicidad, mientras que la ira y el miedo hacen que la energía corporal se concentre en las manos y el pecho, pues inconscientemente nos preparamos para una pelea.

Asimismo, destaca el panorama de la depresión: debilidad en las extremidades combinada con un disgusto que se siente sobre todo en el estómago y la tráquea.

Estas imágenes fueron obtenidas con 700 voluntarios que observaron y leyeron películas e historias destinadas a suscitar una emoción en particular: después de pasar por esta prueba, los investigadores pidieron a los participantes que indicaran las zonas del cuerpo donde habían sentido una sensación particular y con qué color asociaban esta. Igualmente se incluyó cierta variación cultural para saber en qué medida esta afectaba la reacción del cuerpo.

Los resultados se publicaron en la revista académica Proceedings of the National Academy of Sciences y, de acuerdo con el diario inglés The Independent, que reproduce fragmentos del artículo, estos muestran “patrones consistentes entre las sensaciones del cuerpo asociadas con cada una de las seis emociones básicas”.