El cerebro nunca llora sin razón

¿Por qué lloramos y cuál es el papel de las lágrimas en nuestra salud?

El llanto puede ser la misma respuesta a un estímulo tan dispar como un dolor extremo, un choque emocional o a una escena emotiva de una película.

Los humanos son los únicos seres vivientes que lloran en respuesta a las emociones o al dolor.

Llorar es algo tan habitual que rara vez nos planteamos cuáles son las razones científicas que lo explican o qué efectos tiene sobre la salud.

Sabemos que hay tres diferentes tipos de lágrimas, y cada uno cumple una función diferente.

  • Basales, su función es esencialmente mantener lubricado y libre de polvo al globo ocular.
  • Reflejas, su función es limpiar al ojo de partículas extrañas o sustancias irritantes, como cuando cortas una cebolla o si el ojo entra en contacto con gases lacrimógenos.
  • Psíquicas, es la lágrima producto del sollozo, que puede ser el resultado de un amplio espectro de emociones, y es el tipo más complejo.

Es una parcela que aún no ha sido muy investigada. No sabemos con certeza por qué lloramos en respuesta al dolor físico o a un trauma emocional o incluso en momentos de felicidad. Pero ya que somos seres sociales, puede ser una forma de manifestar ante los demás nuestro estado mental y buscar consuelo.

¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando estamos deprimidos?

Las lágrimas son la forma de aliviarnos cuando nuestro cerebro acumula demasiada tensión y necesita expulsar la ansiedad que se produce. Después de hacerlo, se segregan endorfinas que nos relajan y nos hacen sentir mejor.

Cuando pasamos un periodo de tristeza o depresión, nuestro cerebro empieza a estar mucho más activo que en cualquier otro momento de nuestra vida debido a que, mientras estamos tristes recordamos más, pensamos más, sufrimos, razonamos en busca de soluciones o nuevas alternativas,y apenas dormimos dando vueltas a muchos aspectos...

Todo esto lo realizamos gracias a determinadas funciones cerebrales que se realizan en puntos concretos del cerebro, activándose regiones como la corteza prefrontal, el hipocampo, los lóbulos temporales…, llegándose a involucrar conjunta o alternativamente hasta 70 regiones cerebrales diferentes.

Como consecuencia, y gracias a este aumento de actividad cerebral, se consume una mayor cantidad de energía de la que habitualmente gastamos y, por tanto, sentiremos más ganas de comer alimentos y, en concreto de comer dulce ya que la glucosa es la energía que alimenta nuestro cerebro y, por tanto, necesitamos obtenerla de alimentos dulces (fundamentalmente azúcar).

Ninguna otra emoción le exige tanta actividad al cerebro como el llanto ya que, cuando estamos llorando, se reduce la reserva de glucosa y el oxígeno que llega a la corteza, por tanto, tenemos que reponer energías después del lloro ya sea comiendo, durmiendo o descansando.

Esto explica por qué después de llorar nos sentimos cansados debido al elevado nivel de desgaste al que exponemos a nuestro cuerpo.

Es necesario evitar “vivir en la tristeza”

Un cerebro entristecido genera menos serotonina, neurotransmisor asociado a la motivación. Si no logramos salir del estado de tristeza tomando nuevas decisiones y asumiendo la situación que produjo tal sentimiento, a largo plazo este déficit en serotonina puede contribuir a que se padezcan enfermedades como la depresión, obsesiones compulsivas y/o arranques violentos.

Y si las lágrimas son de felicidad...

No solo lloramos cuando estamos tristes, este mecanismo innato también aparece cuando estamos muy felices o cuando algo nos emociona. Es una manera de expresar la felicidad muy parecida a la risa y tienen otros efectos sobre nuestro cuerpo ya que nos ayudan a segregar dos hormonas (leucina y encefalina) que nos ayudan a aliviar el dolor y el estrés.

De esta forma, cuando lloramos por felicidad o por emoción, estas lágrimas nos producen un estado parecido a la sedación ya que consigue suprimir el dolor y eliminar la tensión acumulada por un exceso de emociones.