¿Amor o química? La ciencia que se esconde detrás de un beso

Dos labios que se juntan, ¿es amor? No, es química.

Ninguna sustancia provoca tantas sensaciones y reacciones en nuestro cuerpo como un beso. ¿Alguna vez te has preguntado por qué los besos de película transmiten tanto? Aunque sean de mentira reflejan a la perfección los sentimientos que viven los protagonistas y que también ocurren en la vida real. Esa es la parte que ves y sientes, pero vas a descubrir toda la ciencia que se esconde detrás.

Lo ‘normal’ es que antes de llegar al beso haya una atracción previa entre dos personas que no ocurre, como se podría pensar, solo por la vista. La química vuelve a hacer de las suyas a través del olor. Según los últimos estudios sobre sexualidad biológica del Instituto Karolinska de Estocolmo, las feromonas provocan deseo sexual en muchos animales. Aunque el ser humano tiene el olfato mucho menos desarrollado que los animales, un informe publicado por la revista Currrent Biology confirma la existencia de feromonas humanas cuya percepción y descodificación probablemente impliquen la preferencia sexual de las personas.

Cuando una pareja ya ha superado la fase de la atracción se espera con ansia el primer acercamiento sexual o amoroso: el beso. Pero, ¿por qué este gesto resulta tan agradable y placentero?

Los labios son el ingrediente principal del plato ya que son órganos erógenos con miles de terminaciones nerviosas y al juntarse con otros provocan una explosión de sensaciones en el cerebro.

Los labios tienen 100 veces más sensibilidad que los dedos e incluso la corteza somatosensorial de nuestro cerebro, responsable de registrar las sensaciones, otorga más espacio a los labios que a los genitales.

Los científicos y psicólogos coinciden en que besarse es bueno a nivel emocional pero también a nivel físico. En un beso ‘apasionado’, además del contacto de los labios se produce un intercambio de saliva y de bacterias. Se pueden transferir hasta 80 millones de microorganismos en tan solo 10 segundos, según un estudio realizado por científicos de la Organización para la Investigación Científica Aplicada (TNO), de Holanda.

Al empezar a besarnos el cerebro recibe gran cantidad de información a través del olor, los labios, la lengua y la saliva y comienza a segregar sustancias químicas que provocan numerosas sensaciones. Las reacciones variarán en función de la regularidad de los besos, el conocimiento de la otra persona, la atracción o si se mantiene una relación amorosa estable con la pareja. Estas sustancias que se liberan en un beso son:
  • Dopamina, también dominada denominada como la hormona del placer es tan potente como la cocaína y también produce sensación de euforia es adictiva nos deja nos deja con ganas demás incluso puede producir sensación de mono o síndrome de abstinencia
  • Epinefrina o adrenalina, produce un aumento de la frecuencia cardíaca se incrementa la sudoración y aumenta la temperatura corporal además podría ser la causa por la que cerramos los Salazar ya que también provoca que los papeles se dilaten
  • Oxitocina, es conocida como la hormona del amor ya que es la responsable de generar los sentimientos de apego y afecto también es la sustancia que segrega durante el embarazo y la lactancia
  • Serotonina, regula las emociones y el deseo sexual. La gente enamorada tiene unos niveles de esta sustancia muy similares a los que sufren las personas con un trastorno obsesivo-compulsivo incluso se asocia a la depresión difícil de serotonina
  • Endorfinas, estas hormonas de la felicidad generan una importante sensación de bienestar y son opiáceos naturales del organismo que pueden ser hasta 20 veces más potentes que los medicamentos contra el dolor que se venden en las farmacias
  • Cortisol la hormona del estrés el cortisol desciende cuando nos besamos

¿Cómo surgen los besos?

A pesar de que es una costumbre extendida y que los occidentales entendemos como universal, hay un 10% de la población mundial que no tiene incorporados los besos como fin romántico o sexual y no comparten estos gestos en la pareja. Muchas de estas sociedades (según Darwin son los maoríes neozelandeses, tahitianos, papúes, somalíes y los esquimales) utilizan otros métodos como darse lametazos, tocarse la cara, besarse las manos o frotarse la nariz.

Parece que besarse podría es una evolución de las costumbres animales más primarias. Según la revista Scientific American Mind podría haber surgido a partir de los primates que masticaban la comida y después se la daban en la boca a sus hijos. De esta forma comenzó a asociarse un sentimiento de placer (el de comer) con el de juntar los labios, que sumado a los miles de terminaciones de nerviosas que poseen y toda la química que desencadenan puede haber provocado la evolución el beso como lo conocemos hoy en día.

Un 10% de las sociedades no se besa

Encontrar referencias históricas a nuestros besos románticos, es complicado, sin embargo, hay algunas pistas. El primer beso en la boca está pintado en una placa de piedra en la cueva de La Marche, del Magdaleniense medio, hace unos 15.000 años. En lo que a escritura se refiere las referencias más antiguas a besar son de textos en sánscrito 1.500 años antes de Cristo y hablaban de acercamientos para oler u olisquear, una teoría muy extendida por los historiadores como origen del beso.

¿Hombre o Mujer, tú para qué besas?

Los besos, sus efectos y su significado también varían en función del género debido a las hormonas, el olor e incluso el código genético. La fama de los hombres de que sólo les interesa el sexo podría tener cabida en este ámbito. Su tendencia en los besos es a utilizar más la lengua y provocar un intercambio de saliva ya que de esta forma transmiten testosterona provocando un aumento de la líbido en la mujer.

Ellas en cambio, pueden elegir a su compañero sentimental en base a su forma de besar, según Sheril Kirshenbaum. Además, confían más en el olfato, y eligen a través de él a compañeros con un código genético diferente al suyo y asegurar una mejor descendencia.

Las mujeres eligen hombres con un código genético diferente

En ambos casos a pesar de una fuerte atracción e incluso un sentimiento muchas parejas simplemente se rechazan porque no encuentran una ‘conexión’ en el primer beso. Puede deberse a que hay ciertos mecanismos en el subconsciente que detectan una incompatibilidad de tipo genético tan sólo con realizar este gesto, según un estudio de la Universidad de Albany de Nueva York publicado en Evolutionary Psychology.

¿Quieres sentirte bien? Ya sabes anímate a besar.

Publicado en El Confidencial
el 23 de Abril de 2017
Autores: Sofía Fernández, Pablo López, Tamara Osona