Viajar y volver con la maleta llena de felicidad


Viajar nos hace más felices y no lo decimos nosotros (¡que también!), sino científicos y expertos en distintos campos que, tras investigar el efecto de viajar, han llegado a la conclusión de que es beneficioso, saludable y mejora el estado anímico.

Te contamos por qué:

Los recuerdos de experiencias nos hacen más felices que los objetos materiales

Ante la disyuntiva de destinar un dinero a la compra de un objeto o de una experiencia–como un concierto o un viaje, por ejemplo-, mucha gente opta por lo material pensando que durará más tiempo y la satisfacción se prolongará más.

De este modo, la felicidad que nos provoca una compra material va disminuyendo con el paso del tiempo por el fenómeno de adaptación; mientras que cada vez quereproducimos el recuerdo de una experiencia sigue produciendo el mismo nivel defelicidad que el propio disfrute de ella.

En este sentido, otros expertos como el Dr. Leaf Van Boven, experto en psicología y neurociencia de la Universidad de Colorado aseguran que la expectativa y la incertidumbre de experiencias diferentes como probar comidas exóticas o realizar actividades por primera vez, generan una emoción que dura incluso cuando se recuerda el momento mucho tiempo después.

Nuestras experiencias nos completan mucho más que las cosas materiales.

Diversos estudios concluyen en el mismo sentido: mientras que los objetos acaban formando parte de nuestra cotidianeidad y nos acostumbramos a ellos; las experiencias se arraigan en nuestra memoria y forman parte de nuestra identidad personal.

En cambio, tus experiencias realmente llegan a formar parte de tu identidad porque nosotros somos la suma de todas nuestras vivencias.

Te pueden gustar mucho tus nuevas adquisiciones, no obstante, las separarás de ti cuando ya te acostumbres a tenerlas.

Los viajeros son más sociables y tienen mejor autoestima.

El Centro de Investigación Gerontológica de Finlandia afirma que las personas que viajan constantemente o tienen contacto con otras culturas, tienen mayor facilidad para aceptarse y adaptarse; además son más extrovertidos y más sociables cuanto más viajan.

Salir de la rutina es beneficioso para el cerebro.

Que desconectar del día a día y evitar las prisas y el estrés es bueno, ya lo sabemos, pero, además, un Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología, afirma que conocer lugares nuevos y tener experiencias multiculturales, aumenta en gran medida las conexiones neuronales e incrementa la creatividad.

También los expertos de la Clínica Marshfield en Wisconsin, concluyen que viajar por lo menos dos veces al año, reduce la irritabilidad y el cansancio; a la vez que produce un aumento de la autoestima.

Viajar es saludable.

No es lo mismo tumbarse en una playa del Caribe que realizar un trekking por el Himalaya, pero en un viaje ‘tipo’ se realiza cierto ejercicio físico (nadar, caminar…).

Si a este hecho le sumamos la disminución de estrés comentada anteriormente, obtenemos que, según los expertos, viajar reduce hasta un 21% las probabilidades de sufrir un ataque al corazón.

En conclusión, viajar tiene efectos secundarios marcadamente positivos.

Lánzate, experimenta, descubre… y cambiarás la forma de verte a ti mismo y ver el mundo.

¡Viaja y sé feliz!